Páginas

17 de junio


 San Lucas, 2, 41-51

Ésta fiesta está íntimamente vinculada con la del Sagrado Corazón de Jesús, la cual se celebra el día anterior, viernes. Ambas fiestas se celebran, viernes y sábado respectivamente, en la semana siguiente al domingo de Corpus Christi.

 Los Corazones de Jesús y de María están maravillosamente unidos en el tiempo y la eternidad desde el momento de la Encarnación. La Iglesia nos enseña que el modo más seguro de llegar a Jesús es por medio de María. Por eso nos consagramos al Corazón de Jesús por medio del Corazón de María.

La fiesta del Corazón Inmaculado de María fue oficialmente establecida en toda la Iglesia por el papa Pío XII, el 4 de mayo de 1944, para obtener por medio de la intercesión de María "la paz entre las naciones, libertad para la Iglesia, la conversión de los pecadores, amor a la pureza y la práctica de las virtudes".

Después de su entrada a los cielos, el Corazón de María sigue ejerciendo a favor nuestro su amorosa intercesión. El amor de su corazón se dirige primero a Dios y a su Hijo Jesús, pero se extiende también con solicitud maternal sobre todo el género humano que Jesús le confió al morir; y así la alabamos por la    santidad de su Inmaculado Corazón y le solicitamos su ayuda maternal en nuestro camino a su Hijo.

El Papa Juan Pablo II declaró que la conmemoración del Inmaculado Corazón de María será de naturaleza "obligatoria" y no "opcional". Es decir, por primera vez en la Iglesia, la liturgia para esta celebración debe de realizarse en todo el mundo católico.

Entreguémonos al Corazón de María diciéndole: "¡Llévanos a Jesús de tu mano! ¡Llévanos, Reina y Madre, ¡hasta las profundidades de su Corazón adorable! ¡Corazón Inmaculado de María, ruega por nosotros!

16 de junio


 San Lucas, 2, 41-51

La Iglesia universal celebra hoy la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, a pedido explícito del mismo Cristo a Santa Margarita María de Alacoque.

San Juan Pablo II decía que “esta fiesta recuerda el misterio del Amor que Dios alberga por los hombres de todos los tiempos”.

“Te pido que el primer viernes después de la octava del Corpus se celebre una fiesta especial para honrar a mi Corazón, y que se comulgue dicho día para pedirle perdón y reparar los ultrajes por él recibidos durante el tiempo que ha permanecido expuesto en los altares”, expresó el Señor a Santa Margarita en junio de 1675.

“También te prometo que mi Corazón se dilatará para esparcir en abundancia las influencias de su divino amor sobre quienes le hagan ese honor y procuren que se le tribute”, añadió.

Más adelante Santa Margarita con el jesuita San Claudio de la Colombiere, su director espiritual, propagarían los mensajes del Sagrado Corazón de Jesús.

Posteriormente, el papa Pío IX en 1856 extendió oficialmente la Fiesta del Sacratísimo Corazón de Jesús a toda la Iglesia. En 1899, el Papa León XIII publicó la encíclica “Annum Sacrum” sobre la consagración del género humano al Sagrado Corazón de Jesús, que se realizó ese mismo año.

San Juan Pablo II en su pontificado estableció que en la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús se realice la Jornada Mundial de Oración por la santificación de los sacerdotes.

Muchos grupos, movimientos, órdenes y congregaciones religiosas, desde antiguo, se han puesto bajo la protección del Sagrado Corazón de Jesús. En Roma se encuentra la Basílica del “Sacro Cuore” (Sagrado Corazón) construida por San Juan Bosco por encargo del Papa León XIII y con donaciones de fieles y devotos de varios países.

15 de junio


 San Mateo 5, 20-26

El Evangelio de Hoy nos invita a tener un corazón grande, paciente, abierto, comprensible, formado. Un corazón que nos lleve a tener una mirada amplia que no se quede en lo negativo sino una mirada que nos lleve a buscar soluciones para la fraternidad, para llevarse bien y trabajar juntos.

Cuando el Evangelio de verdad está en el corazón la persona realmente es más comprensible, paciente y tolerante. Siempre está en búsqueda del bien y en búsqueda de soluciones. Repito un corazón en donde está bien arraigado el Evangelio es una persona que busca el bien y busca soluciones. Es una persona de esperanza y que no lo da todo por perdido. El Evangelio nos hace personas de diálogos y no personas cerradas. Personas que escuchan y comprenden.

Jesús en el Evangelio de Hoy nos dice “Ve a reconciliarte con tu hermano. Trata de llegar enseguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él” ¿Qué significan para Vos estas indicaciones? ¿Cómo es tu forma de ver las cosas? ¿A qué nos invita Jesús en este día? ¿Por qué hoy en día se hace muy difícil dialogar y no llegar a un acuerdo? ¿Soy de hablar y buscar espacios de diálogos? ¿Estoy interesado en el diálogo

¡Que el Evangelio penetre más en nuestros corazones y nos haga personas como Jesús quiere! Personas abiertas, comprensibles, de diálogo. Personas de reconciliación.

 

 

14 de junio


 San Mateo 5,17-19

La Palabra, siempre iluminando y orientando nuestros pasos en la vida y en este tiempo de Gracia, nos presenta hoy a Jesús en el Sermón del Monte, que hemos estado leyendo desde el lunes.

Jesús se dirige a la multitud y a sus discípulos enseñándoles las bienaventuranzas, les dice, ustedes son la sal de la tierra y la luz del mundo, para luego como escuchamos hoy en el evangelio, presentarse como Aquel que viene a dar plenitud, consumar, llevar hasta sus últimas consecuencias la ley. Él no vino a anular la ley, sino a que se cumpla plenamente y quien la viva y enseñe a vivirla, será grande en el Reino de Dios.

El tiempo de la cuaresma, es un tiempo de gracia, para volver a Jesús, reencontrarnos con Él y su mensaje y desde Él renovar y revitalizar nuestro discipulado, purificando el corazón y volviendo a lo esencial, a lo importante

A veces nuestro seguimiento a Jesús, nuestra vida cristiana se vuelve Light. Nos decimos buenos cristianos, pero acomodamos la Palabra y estilo de vida de Jesús a nuestra mediocridad o nos puede pasar también que sólo nos quedamos en preceptos y prescripciones, siendo muy duros con nosotros mismos y los demás y perdiendo el Espíritu que Jesús propone e invita.

Volver al Señor, convertirse, cumplir los mandamientos y enseñar a vivirlos, llevar a plenitud las enseñanzas de la ley, es creo yo, volver a creer y vivir radicalmente y apasionados la vida de Jesús. Volver a querer con toda la vida seguir sus huellas, llegar hasta “donde no puedas” con la confianza de que su Gracia basta para vivir lo que para muchos es imposible, el ir contracorriente, el seguir construyendo su Reino.

Señor dame la gracia de reencontrarme contigo, porque es allí, en ese encuentro íntimo y personal con contigo, en tu amor que salva y da vida, donde se renueva la experiencia y la certeza de que vale la pena seguir, vale la pena jugarse por el Reino.

13 de junio


 

13 de junio

San Mateo 5, 13-16

El evangelio de hoy nos da una importante instrucción sobre nuestra misión y la de la comunidad. Tienen que ser sal de la tierra y luz del mundo. La sal no existe para sí misma, sino para dar sabor a las comidas… y la luz no existe para sí misma sino para alumbrar el camino, iluminar una casa o a otros. La comunidad no existe para sí sino para servir a Dios, a su pueblo…

En el tiempo en que Mateo escribió el evangelio dicen que la misión estaba siendo difícil para las comunidades de los judíos convertidos, a pesar de vivir en la observancia fiel de la ley de Moisés estaban siendo expulsados de las sinagogas, estaban cortando su pasado judío. De cara a esto los paganos convertidos decían: "Con la venida de Jesús la ley de Moisés está superada". Y todo esto causaba tensiones e incertidumbres. La apertura de unos parecía criticar la observancia de los otros y viceversa. Éste conflicto generó una crisis que llevó a cada cuál a encerrarse en su propia posición. Algunos querían avanzar, otros querían poner la lámpara bajo la mesa, y se preguntaban cuál sería entonces la misión.

El evangelio de Mateo trata de ayudarlos con el mensaje de Jesús: "Ustedes son sal de la tierra". Usando imágenes de la vida cotidiana con palabras sencillas y directas, Jesús hace saber cuál es la misión de una comunidad cristiana: ser sal. En la época de Jesús con el calor que hacía la gente y los animales necesitaban consumir mucha sal. La gente iba consumiendo la sal que el abastecedor dejaba en grandes bloques en las plazas públicas y al final lo que sobraba quedaba esparcido como polvo de tierra, había perdido su gusto y ya no servía de nada más que "para ser tirada afuera y ser pisoteada por los hombres" como dice el evangelio.  

Jesús evoca esta costumbre para aclarar a sus seguidores su misión: ser sal, dar gusto al mundo. Y también ser luz, la comparación es obvia. Nadie enciende una lámpara para colocarla debajo de un cajón; una ciudad sitiada en la cima de un monte no puede ser escondida… por ende la comunidad debe ser luz, debe iluminar, no debe temer que aparezca el bien que hace. Y no lo hace para que la vean o figurar.

La sal no existe para sí, la luz no existe para sí y así ha de ser la comunidad entonces, no puede quedarse encerrada en sí misma. "Brille la luz que hay en ustedes" dice Jesús, para que vean las buenas obras y así glorifiquen a Dios que está en el cielo. Que bueno que el testimonio de cada uno ayude a los otros a crecer.

Qué bueno poder preguntarnos hoy, cuándo soy sal y luz, y cómo es mi compromiso.

 Hoy recordamos también a San Antonio de Padua, un hombre que tenía voz clara y fuerte, memoria prodigiosa y un profundo conocimiento, el espíritu de profecía y un extraordinario don de milagros. Su fama de obrar actos prodigiosos nunca ha disminuido a pesar de tantos años.

12 de junio


 

San Mateo 5,1-12

Es un Evangelio sumamente hermoso que nos motiva a la esperanza y sobre todo a seguir las huellas del Maestro.

Comienza san Mateo diciendo que seguían a Jesús grandes multitudes de distintos lugares, “todos iban a su encuentro. Y Jesús subió a la montaña”, la montaña es el lugar del encuentro con el Padre, es el lugar de la oración, es el lugar de la confianza, es el lugar del abandono en la voluntad del Padre.

 Jesús constantemente después de recibir a la multitud se retira a solas, para orar, para encontrarse con el Padre, pero también para encontrarse con sus discípulos y recordarles las pautas, el modo como deben vivir, el modo como deben anunciar el Evangelio.

Y aparece Jesús en esta imagen del Maestro que educa, que enseña, Jesús aparece enseñando a sus discípulos el camino a la felicidad, también esto va para nosotros a través de las Bienaventuranzas: “Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos, felices los afligidos… felices los pacientes…

felices los que practican la justicia… felices los misericordiosos… felices los que tienen el corazón puro porque verán a Dios, felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios…” ¿Qué significa para nosotros? ¡Qué significó en ese momento para los discípulos esta palabra “felices”? Podríamos nosotros traducirla y decir que felicidad es lo mismo que santidad.

Cada uno de nosotros fue llamado para ser santo, ser santos en la vida cotidiana, ser santos en el día a día, ser santos en nuestra familia, en nuestra comunidad, con nuestros hermanos.

 Por eso, en este día le pedimos al Señor que nos ayude primero y principalmente a vivir nosotros estas bienaventuranzas, a recordar que aunque haya dificultades, que aunque hayan pruebas el Señor está ahí, para sostenernos, para aliviarnos y para regalarnos la alegría.

 Pidamos al Señor entonces, en este día la gracia de ser anunciadores de su Reino, pero sobre todo de ser los santos de este tiempo. Que tengan una bendecida semana y que el Señor los acompañe siempre.

 

 

 

10 de junio


 san Marcos 12, 38-44

El Evangelio de la viuda en contraposición a la postura de los escribas es de una gran profundidad y una terrible ejemplaridad. La viuda del Evangelio es modelo de caridad.

Esto lo tenemos que entender en la profundidad de lo que la caridad significa o implica en nuestra tradición cristiana y en nuestra vida.

Porque para muchos la caridad se volvió mala palabra, en el sentido que la han convertido en beneficencia y asistencialismo. Nada más lejos de eso.

 Cuando Jesús habla de amor, habla de la caridad en su sentido más hondo y más propio, que es justamente el proceder de la viuda: dar todo.

Venimos de tradiciones donde quizás siempre se nos ha recalcado que tenemos que hacer el mayor esfuerzo por poder pensar en los más necesitados y darles algo para que puedan palear su necesidad.

Hemos levantado así un esquema de “arriba-abajo”, asistencialismo barato y beneficencia insípida, que nos lleva a dar lo que nos sobra, o ya no usamos, o nos queda chico, o se rompió, u ocupa lugar innecesario en la casa

Nos hemos acostumbrado a una cultura de dar lo que nos sobra. Damos lo que ya no usamos y pensamos que le puede servir a otro.

¡Ingenuos! Si no lo podemos usar nosotros, ¿por qué habrá motivo para que lo pueda usar otro? De repente tenemos depósitos enteros en Cáritas con enormes donaciones de ropa que no sirven más que para trapo. Ingenuamente, somos colaboradores de la cultura del descarte: no nos damos nosotros, damos lo que nos sobra.

 

9 de junio


 

San Marcos 12, 35-37

El Evangelio de hoy, si bien breve, nos presenta esta idea de la expectativa mesiánica que hay sobre la persona de Jesús.

Mesías, como hijo de David. Pero otra es la idea que tiene Jesús del reino.

No es un reino que se imponga por la fuerza.

No es un reino que crezca justamente a través del proselitismo, sino, el reino de Jesús crece siempre en lo pequeño, es como esa pequeña semilla que se ha sembrado en los corazones y que a su tiempo da fruto abundante.

Por eso, el Señor nos invita realmente a que tengamos una concepción del reino de los cielos distinta, un reino que crece en o pequeño, un reino que se construye en el amor, donde cada pequeño gesto vale.

No se trata aquí de simplemente de venir de tal o cual lugar y pensar en un mesianismo político que cambie el poder de ese momento.

Sino que, el reino de los cielos que Jesús viene a anunciarnos aquí en la tierra y que luego se extenderá finalmente en el cielo, en su plenitud, se construye de otra forma.

Las estructuras humanas no llegan a comprender como este reino crece, sin embargo, llevamos más de 2mil años de Iglesia y el amor de Cristo sigue siendo anunciado, el evangelio, la Palabra de vida en todos los continentes.

Pidamos nosotros también, poder sumarnos a esta gracia transformadora del evangelio y no cansarnos de anunciar la buena noticia de Jesús.

Lo importante es ser más en la medida de Jesús, no un poder material, sino un poder para transformar el mundo con la fuerza del amor. Ojalá entendamos todos que solamente a través del camino del amor podemos renovar y transformar el mundo. Que el Señor nos ayude entonces a vivir así, abiertos al proyecto de Dios que es un proyecto de amor y nos envía para servir. Ojalá todos también gocemos, como en su pueblo, de estar a la escucha de Jesús para poder junto con él construir este reino aquí en la tierra, reino de verdad de justicia y de paz. Dejemos de lado otras ambiciones, la más grande para nosotros es justamente poder construir un mundo donde reine la paz.

 

 

8 de junio


 San Marcos 12, 28-34

“Habla Señor que tu siervo escucha “Hermoso testimonio de un joven, del joven Samuel al sentirse llamado por su nombre, necesitamos escuchar la palabra que alimenta nuestro camino de fe, hacia la Pascua de la vida.

Hoy en el evangelio alguien pregunta a Jesús: ¿Cuál es el primero de los mandamientos? ¿Mandamientos?, ¿Para que sirven? ¿Es algo que nos toca, nos interesa?  ¿Es algo que nos eleva, si lo conocemos?  ¿O es algo que nos oprime?

Jesús que hoy nos abre su corazón de par en par y que nos mira con amor, diciendo mí nombre, tu nombre joven, el mío y el de todos. Y nos dice Amaras al señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas, este es el primero de los mandamientos y el segundo es Amarás a tu prójimo como a ti mismo. ¡Qué importante no! Amaras a tu prójimo como a ti mismo, no hay amor más grande que estos dice Jesús. ¡Qué bueno!

Los tenemos que saber, los diez mandamientos son resumidos así, y son como las señales del amor, para no errar el camino de la fidelidad y del sentido de la vida.

Por eso para vivir con alegría y con sentido nuestra vida, la clave es el Amor, una vida sin este amor a Dios y a lo demás, se derrumba y cae en el egoísmo y en el abismo. 

Por eso Animo y miremos con amor a Jesús y digámosle hoy de una manera especial: Crea en mí un corazón nuevo, con la fuerza de tu amor y queremos amar como vos nos estas amando y si tenemos miedo digámosle: Señor a quien iremos si solo tú, tienes palabras de vida eterna.

En ti y contigo puedo encontrarme con la verdad de mi vida, por eso te invito en estos días, para descubrir la importancia de los mandamientos, a la luz de las bienaventuranzas y sobre todo a la luz del amor, porque es el amor el que construye, en cambio el egoísmo destruye y corrompe.

7 de junio


 San Marcos 12,18-27

Como siempre el Señor tiene una muy buena noticia para darnos a través de su Palabra. Hoy los saduceos, que son una secta que no creía en la resurrección le ponen una trampa a Jesús en la cual ellos querían afirmar que la resurrección era imposible. Le ponen el caso de una mujer que fue esposa de un hombre que falleció, después de su hermano y del que sigue, y así todos iban muriendo y al final muere ella. La pregunta entonces es ¿en el reino de los cielos esposa de quién va a ser si tuvo a los siete por maridos?

Jesús aclara que en el reino de los cielos nadie va a ser esposa o esposo de nadie, porque "en el reino de los cielos ni los hombres ni las mujeres se casarán, sino que serán como ángeles".  Nosotros sabemos que el consentimiento matrimonial "prometo serte fiel tanto en la salud como en la enfermedad, en la prosperidad como en la adversidad… amándote y respetándote durante toda mi vida"  es un consentimiento que es hasta que la muerte nos separe. La institución del matrimonio es algo temporal, no eterno. Es una institución que vive mientras viven los dos cónyuges. Por eso en el cielo estaremos todos como hermanos junto al Padre, pero esto no quiere decir que no vamos a tener recuerdos de los vínculos entre las personas. Si ha habido un vínculo profundo, entre hermanos, amigos, pareja o lo que sea, por supuesto que va a existir, pero no en cuenta a la exclusividad.

Con esto Jesús está diciendo que es un error pensar que en la resurrección de los muertos no existe. Dios no es un Dios de muerte sino de vivientes. Si Jesús no hubiese resucitado seríamos los más tristes e inútiles de todos los hombres. Pero toda la historia nos va mostrando con mucha claridad que Jesús vive, que su presencia está activa en la historia y que por el poder de su Espíritu cada vez más hombres y mujeres se van decidiendo a vivir como transformados por esta presencia de Dios. 

Por último, anímate a vivir en serio. El gran anuncio que el Señor te hace hoy es que esa vida que solamente Él te puede regalar es justamente eso, un regalo. Es su presencia en tu vida, es su amor que sostiene y acompaña, esa es nuestra esperanza. Como nos dice san Pablo: “Si Cristo no hubiera resucitado vana seria nuestra Fe”. Por eso es bueno entender que cuando decimos en el credo: “espero la Resurrección de los muertos y la vida en mundo futuro”, es un llamado a descubrir que el reino de Dios comienza acá y se plenifica allá. De ahí que podemos amar lo que somos y nuestras circunstancias, pero con la mirada en lo que vendrá.

6 de junio


 San Marcos 12, 13-17

En el Evangelio de hoy,  la pregunta que le hacen algunos Fariseos a Jesús. Y la pregunta que le hacen es, si está permitido pagar el impuesto al Cesar o no. En el fondo, si es un pregunta con trampa, si al que abrazo la fe, le tiene que seguir interesando la sociedad. En el fondo si al que opto por la religión, le tiene que seguir importando el prójimo en cuanto al horizonte del bien común.

Que importante es que nosotros descubramos que no vamos a ser plenos, felices como personas si no nos comprometemos con la sociedad, si no entendemos que el bien común es mucho más importante que el bien particular. Donde cuando nos encerramos en nuestros propios encierros, cuando nos quedamos anquilosados en nuestros autismos, estamos perdiendo no solo nuestra alegría y nuestro horizonte real y oportuno, sino que también estamos dejando un espacio en la sociedad y en el bien común no sabemos a qué tendencias o a que intereses. Por eso esto de si está permitido pagar el impuesto al Cesar, Jesús lo responde maravillosamente: “Den al Cesar lo que es de Cesar y a Dios lo que es de Dios”.

Por eso no hay otra alternativa que aunque a veces nos equivoquemos, pero si dejándonos orientar por gente que nos puede ayudar estemos actuando en distintas cosas de la sociedad,

puede ser desde un grupo parroquial, desde un compromiso con algún movimiento de Iglesia, desde una cercanía afectiva o efectiva,

 desde una realidad donde la lectura del Evangelio y la palabra de Dios podamos aplicarlo en lo cotidiano y en la sociedad, pero también puede ser insertándonos en distintas actividades por el bien común que a veces una fundación o una ONG pueden también a los jóvenes brindarles ese horizonte y también pudiendo comprometernos con algo del bien común en política,

entendiendo Política con mayúscula por supuesto, el arte del bien común donde hay espacios vacíos donde deben llenarlos muchos jóvenes, con sus lindas ilusiones, con las frescuras de sus compromisos y con el no estar atado a intereses que a veces mezquinan esta noble actividad, que es la actividad del bien común.

 

5 de junio


 San Marcos 12, 1-12

Cada vez se va haciendo más grande la distancia entre Jesús y los representantes oficiales de Israel. Hasta que se llega a una ruptura y lo van a condenar a muerte. En este evangelio tenemos la parábola de los viñadores homicidas. Es una comparación. Y con esta comparación Jesús quiere hacer ver a los dirigentes judíos lo que hicieron con él. Por eso Jesús es valiente. Cuando tiene que decir las cosas las dice, cuando tiene que enfrentarse se enfrenta, aún sabiendo que se juega la vida.

En el Antiguo Testamento hay una alegoría de la viña aplicada al pueblo de Israel. Es del profeta Isaías que tiene un poema sobre la viña que no daba los frutos que Dios esperaba de ella. Y esa viña simboliza a Israel. Aquí en el evangelio Jesús dramatiza todavía más. Hace notar con claridad el rechazo y los asesinatos sucesivos, hasta llegar a matar al hijo del dueño de la viña. Y en esta imagen el hijo del dueño de la viña es Jesús. Es un drama que sucedió con el rechazo de Jesús. Se deshacen del Hijo. Y sabemos bien que lo matan condenándolo a la muerte de cruz. Era la muerte que daban a los más peligrosos asesinos.

Podemos hacernos algunas preguntas que nos ayuden para la vida. Nosotros no matamos al Hijo ni le despreciamos, pero siendo sinceros, tampoco lo seguimos con todas las pilas. Nos cuesta jugarnos del todo, por eso andamos a media máquina. Podemos preguntarnos si estamos dando frutos. ¿Somos una viña que da los frutos que Dios espera? ¿O damos pocos frutos cuando podríamos dar mucho más? Deberíamos hoy preguntarnos si somos viñas fructíferas o estériles. La Palabra que escuchamos debería ayudarnos a producir en nuestra vida muchos más frutos que los que producimos para el bien de los demás, empezando por nuestras familias.

Tratemos de dar muchos y buenos frutos en nuestra comunidad, en nuestra familia, en nuestros hogares. No seamos una carga, no seamos zánganos, no seamos un peso. Seamos bendición para nuestros seres queridos.