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30 de septiembre

 

San Lucas 9, 43-45

Hablar de San Jerónimo en el mundo de la traducción es hablar de una de las figuras  más célebres de la historia de la humanidad. Pero no mucha gente sabe en profundidad quién es San Jerónimo, o Jerónimo de Estridón, su nombre anterior a ser beatificado.

San Jerónimo es mundialmente conocido porque fue la primera persona que tradujo la Biblia al latín corriente, desde la versión hebrea y la versión griega (conocida como Biblia Septuaginta). El resultado fue la Vulgata, o Biblia latina.  Pero todo el proceso anterior y posterior a este momento es, en ocasiones, olvidado. Y es necesario conocerlo para reconocer el valor del trabajo de San Jerónimo.

San Jerónimo fue una persona tremendamente avanzada para su época, el siglo IV d.C. Oriundo de Estridón, ciudad de la provincia romana de Dalmacia. Desde joven recibió una educación amplia y rica, estudiando en Roma desde su adolescencia. Desde su infancia demostró una curiosidad por la retórica y la literatura fuera de lo común. Tras años de estudio decide convertirse al cristianismo y comienza a dedicar su vida al estudio de las Sagradas Escrituras.

Pero su conocimiento en lenguas extranjeras llegó a los 27 años, cuando estudió griego. También estudió hebreo en los años venideros, lo que acabó convirtiéndole en traductor e intérprete de grandes personajes de la época.

 Entre estos se encuentran Paulino de Antioquia o el Papa Dámaso, del que termina siendo secretario. San Jerónimo acaba convirtiéndose en puente entre la Iglesia de Occidente y la de Oriente, ya que se ocupa de la correspondencia entre ambas. Es el mismo Papa Dámaso el que le encomienda revisar las traducciones existentes de la Biblia y comenzar a realizar él una.

Además de ser un traductor y autor prolífico, es un referente en la historia de la traducción. Fue uno de los defensores de la traducción fiel a la lengua meta, respetando el texto original, pero sin copiarlo palabra por palabra. Aun así, consideraba que la traducción de textos religiosos debía hacerse con precaución, respetando al máximo los originales.

San Jerónimo fue un hombre de mundo, un erudito respetado en su época y en las siguientes; fue y seguirá siendo una de las figuras más respetadas de la historia por su amplia cultura y saber.

Una de sus frases más populares es “Desconocer las escrituras es desconocer a Cristo”.

29 de septiembre

 

San Juan 1, 47-51

En el día de hoy la Iglesia celebra a los Santos Arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel. Sus nombres han quedado grabados para siempre en el alma de los cristianos gracias a que aparecen en la Sagrada Escritura, cada uno de ellos, llevando a cabo misiones importantísimas encomendadas por Dios.

 

“Miguel” en hebreo significa “¡Quién como Dios!”, expresión que evoca la grandeza de Dios, su amor y su justicia infinitas. San Miguel es quien está al mando de los ejércitos celestiales. Su nombre es el grito de guerra en la batalla librada en el Cielo contra el Adversario, Satanás, y su corte de ángeles caídos.

 

“Rafael” quiere decir “Medicina de Dios” o “Dios ha obrado la salud”. San Rafael es el arcángel amigo de los caminantes y médico de los enfermos.

 

“Gabriel” significa “Fortaleza de Dios”. A San Gabriel se le encomendó la misión de anunciarle a la Virgen María que sería la Madre del Salvador.

 

El 29 de septiembre de 2017, el Papa Francisco afirmó: «Hoy celebramos el día de tres de estos arcángeles porque han tenido un papel importante en la historia de la salvación. Y conmemoramos a estos tres porque también tienen un papel importante en nuestro camino hacia la salvación».

28 de septiembre

 

San Lucas 9, 7-9

El evangelio de hoy es continuación del texto de ayer, donde Jesús envía a los doce a llevar la buena noticia y curar a los enfermos. Jesús los envía y como indicaciones les pide que vayan sin nada "No lleven nada para el camino: ni bolsa colgada del bastón, ni pan, ni plata, ni siquiera vestido de repuesto".

 La misión es desafiante, superadora de la fuerza y preparación de los discípulos, y sin embargo Él los invita a que vayan desprendidos, sin provisiones para el camino. Esto no significa que Jesús sea desprevenido ni descuidado con los discípulos, sino que los invita a la confianza a que vayan con la certeza de que no necesitan nada porque el que va con Dios lo tiene todo. Es un poco la experiencia que hace Santa Teresa cuando dice que "Sólo Dios basta".

Si caminamos confiados en que Dios viene con nosotros, no queda lugar para el miedo sobre la comida, el vestido, el alojamiento… El Padre nunca permitiría que a uno de sus hijos le falte algo de lo elemental.

 Sólo desde esa confianza se puede salir a compartir el evangelio con los demás, sabiendo que a la obra la realiza Dios y no nosotros… a nosotros nos queda ponernos a disposición, confiados en las maravillas que Dios puede hacer a través de nosotros si le entregamos las riendas de nuestra vida.

Y como nos dice el evangelio hoy, todos comentaban sobre la acción de Jesús y sus discípulos, incluso llega a oídos de Herodes que se pregunta quién será éste que hace tantos prodigios.

Cuando se obra desde Dios, desde la confianza y haciendo su voluntad, hasta nuestras acciones más insignificantes tienen eco en el cielo.  Nada de lo que hagas y ofrezcas con amor va a quedar infecundo, y además tiene efecto multiplicador y despierta en los demás el deseo de también meter mano en la construcción de un mundo mejor.

 

 

27 de septiembre

 

San Lucas 9, 1-6

Hoy, 27 de septiembre, la Iglesia católica celebra al Patrono de las obras de caridad y fundador de la Congregación de la Misión (vicentinos) y de las Hijas de la Caridad (vicentinas): San Vicente de Paúl, sin duda una de las figuras más representativas del catolicismo francés del siglo XVII.

 

Fue ordenado sacerdote en 1600 con tan solo diecinueve años, e inmediatamente el obispo, dada la madurez del novel sacerdote, quiso encargarle una parroquia que, sin embargo, no llegaría a asumir por su corta edad -el código de derecho canónico le impedía asumir tal responsabilidad-.

 

El P. Vicente empezó a estar más disponible para atender moribundos, a los abandonados y enfermos. Empezó a frecuentar lugares remotos con el propósito de atender a quien lo requería. Sabía muy bien que Dios en su ternura no podía olvidarse del más necesitado.

 

Su experiencia de vida al servicio del Señor le infundió en el corazón el deseo de organizar una congregación que se ocupase de administrar principalmente obras de caridad. Así, Vicente fundó la Congregación de la Misión. Ser misionero para él era algo que solo podía sostenerse en la oración dedicada y constante. Su tiempo como preceptor y la buena formación teológica que recibió lo inspiraron para que los miembros de la nueva congregación se dediquen también a la formación del clero. Después, junto a Santa Luisa, fundaría la Compañía de las Hijas de la Caridad. Para San Vicente, además de la oración, era importantísimo el cultivo de la humildad. Esta debería ser la primera virtud y cualidad de los sacerdotes misioneros.

 

Vicente fue un verdadero amigo de los desposeídos y un celoso apóstol de su tiempo. Partió a la Casa del Padre el 27 de septiembre de 1660.