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13 de junio


 

13 de junio

San Mateo 5, 13-16

El evangelio de hoy nos da una importante instrucción sobre nuestra misión y la de la comunidad. Tienen que ser sal de la tierra y luz del mundo. La sal no existe para sí misma, sino para dar sabor a las comidas… y la luz no existe para sí misma sino para alumbrar el camino, iluminar una casa o a otros. La comunidad no existe para sí sino para servir a Dios, a su pueblo…

En el tiempo en que Mateo escribió el evangelio dicen que la misión estaba siendo difícil para las comunidades de los judíos convertidos, a pesar de vivir en la observancia fiel de la ley de Moisés estaban siendo expulsados de las sinagogas, estaban cortando su pasado judío. De cara a esto los paganos convertidos decían: "Con la venida de Jesús la ley de Moisés está superada". Y todo esto causaba tensiones e incertidumbres. La apertura de unos parecía criticar la observancia de los otros y viceversa. Éste conflicto generó una crisis que llevó a cada cuál a encerrarse en su propia posición. Algunos querían avanzar, otros querían poner la lámpara bajo la mesa, y se preguntaban cuál sería entonces la misión.

El evangelio de Mateo trata de ayudarlos con el mensaje de Jesús: "Ustedes son sal de la tierra". Usando imágenes de la vida cotidiana con palabras sencillas y directas, Jesús hace saber cuál es la misión de una comunidad cristiana: ser sal. En la época de Jesús con el calor que hacía la gente y los animales necesitaban consumir mucha sal. La gente iba consumiendo la sal que el abastecedor dejaba en grandes bloques en las plazas públicas y al final lo que sobraba quedaba esparcido como polvo de tierra, había perdido su gusto y ya no servía de nada más que "para ser tirada afuera y ser pisoteada por los hombres" como dice el evangelio.  

Jesús evoca esta costumbre para aclarar a sus seguidores su misión: ser sal, dar gusto al mundo. Y también ser luz, la comparación es obvia. Nadie enciende una lámpara para colocarla debajo de un cajón; una ciudad sitiada en la cima de un monte no puede ser escondida… por ende la comunidad debe ser luz, debe iluminar, no debe temer que aparezca el bien que hace. Y no lo hace para que la vean o figurar.

La sal no existe para sí, la luz no existe para sí y así ha de ser la comunidad entonces, no puede quedarse encerrada en sí misma. "Brille la luz que hay en ustedes" dice Jesús, para que vean las buenas obras y así glorifiquen a Dios que está en el cielo. Que bueno que el testimonio de cada uno ayude a los otros a crecer.

Qué bueno poder preguntarnos hoy, cuándo soy sal y luz, y cómo es mi compromiso.

 Hoy recordamos también a San Antonio de Padua, un hombre que tenía voz clara y fuerte, memoria prodigiosa y un profundo conocimiento, el espíritu de profecía y un extraordinario don de milagros. Su fama de obrar actos prodigiosos nunca ha disminuido a pesar de tantos años.

12 de junio


 

San Mateo 5,1-12

Es un Evangelio sumamente hermoso que nos motiva a la esperanza y sobre todo a seguir las huellas del Maestro.

Comienza san Mateo diciendo que seguían a Jesús grandes multitudes de distintos lugares, “todos iban a su encuentro. Y Jesús subió a la montaña”, la montaña es el lugar del encuentro con el Padre, es el lugar de la oración, es el lugar de la confianza, es el lugar del abandono en la voluntad del Padre.

 Jesús constantemente después de recibir a la multitud se retira a solas, para orar, para encontrarse con el Padre, pero también para encontrarse con sus discípulos y recordarles las pautas, el modo como deben vivir, el modo como deben anunciar el Evangelio.

Y aparece Jesús en esta imagen del Maestro que educa, que enseña, Jesús aparece enseñando a sus discípulos el camino a la felicidad, también esto va para nosotros a través de las Bienaventuranzas: “Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos, felices los afligidos… felices los pacientes…

felices los que practican la justicia… felices los misericordiosos… felices los que tienen el corazón puro porque verán a Dios, felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios…” ¿Qué significa para nosotros? ¡Qué significó en ese momento para los discípulos esta palabra “felices”? Podríamos nosotros traducirla y decir que felicidad es lo mismo que santidad.

Cada uno de nosotros fue llamado para ser santo, ser santos en la vida cotidiana, ser santos en el día a día, ser santos en nuestra familia, en nuestra comunidad, con nuestros hermanos.

 Por eso, en este día le pedimos al Señor que nos ayude primero y principalmente a vivir nosotros estas bienaventuranzas, a recordar que aunque haya dificultades, que aunque hayan pruebas el Señor está ahí, para sostenernos, para aliviarnos y para regalarnos la alegría.

 Pidamos al Señor entonces, en este día la gracia de ser anunciadores de su Reino, pero sobre todo de ser los santos de este tiempo. Que tengan una bendecida semana y que el Señor los acompañe siempre.

 

 

 

10 de junio


 san Marcos 12, 38-44

El Evangelio de la viuda en contraposición a la postura de los escribas es de una gran profundidad y una terrible ejemplaridad. La viuda del Evangelio es modelo de caridad.

Esto lo tenemos que entender en la profundidad de lo que la caridad significa o implica en nuestra tradición cristiana y en nuestra vida.

Porque para muchos la caridad se volvió mala palabra, en el sentido que la han convertido en beneficencia y asistencialismo. Nada más lejos de eso.

 Cuando Jesús habla de amor, habla de la caridad en su sentido más hondo y más propio, que es justamente el proceder de la viuda: dar todo.

Venimos de tradiciones donde quizás siempre se nos ha recalcado que tenemos que hacer el mayor esfuerzo por poder pensar en los más necesitados y darles algo para que puedan palear su necesidad.

Hemos levantado así un esquema de “arriba-abajo”, asistencialismo barato y beneficencia insípida, que nos lleva a dar lo que nos sobra, o ya no usamos, o nos queda chico, o se rompió, u ocupa lugar innecesario en la casa

Nos hemos acostumbrado a una cultura de dar lo que nos sobra. Damos lo que ya no usamos y pensamos que le puede servir a otro.

¡Ingenuos! Si no lo podemos usar nosotros, ¿por qué habrá motivo para que lo pueda usar otro? De repente tenemos depósitos enteros en Cáritas con enormes donaciones de ropa que no sirven más que para trapo. Ingenuamente, somos colaboradores de la cultura del descarte: no nos damos nosotros, damos lo que nos sobra.

 

9 de junio


 

San Marcos 12, 35-37

El Evangelio de hoy, si bien breve, nos presenta esta idea de la expectativa mesiánica que hay sobre la persona de Jesús.

Mesías, como hijo de David. Pero otra es la idea que tiene Jesús del reino.

No es un reino que se imponga por la fuerza.

No es un reino que crezca justamente a través del proselitismo, sino, el reino de Jesús crece siempre en lo pequeño, es como esa pequeña semilla que se ha sembrado en los corazones y que a su tiempo da fruto abundante.

Por eso, el Señor nos invita realmente a que tengamos una concepción del reino de los cielos distinta, un reino que crece en o pequeño, un reino que se construye en el amor, donde cada pequeño gesto vale.

No se trata aquí de simplemente de venir de tal o cual lugar y pensar en un mesianismo político que cambie el poder de ese momento.

Sino que, el reino de los cielos que Jesús viene a anunciarnos aquí en la tierra y que luego se extenderá finalmente en el cielo, en su plenitud, se construye de otra forma.

Las estructuras humanas no llegan a comprender como este reino crece, sin embargo, llevamos más de 2mil años de Iglesia y el amor de Cristo sigue siendo anunciado, el evangelio, la Palabra de vida en todos los continentes.

Pidamos nosotros también, poder sumarnos a esta gracia transformadora del evangelio y no cansarnos de anunciar la buena noticia de Jesús.

Lo importante es ser más en la medida de Jesús, no un poder material, sino un poder para transformar el mundo con la fuerza del amor. Ojalá entendamos todos que solamente a través del camino del amor podemos renovar y transformar el mundo. Que el Señor nos ayude entonces a vivir así, abiertos al proyecto de Dios que es un proyecto de amor y nos envía para servir. Ojalá todos también gocemos, como en su pueblo, de estar a la escucha de Jesús para poder junto con él construir este reino aquí en la tierra, reino de verdad de justicia y de paz. Dejemos de lado otras ambiciones, la más grande para nosotros es justamente poder construir un mundo donde reine la paz.