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20 de octubre

 

San Lucas 12, 1-7

El Evangelio de este día comienza diciendo que eran miles de personas que se reunieron junto a Jesús, indicio de que su popularidad era cada día mayor, y que la gente realmente necesitaba encontrarse con Él, seguramente porque eran como ovejas sin pastor y porque desde sus experiencias personales había descubierto que tenía palabras de vida eterna.

Y Jesús aprovechó esta ocasión para manifestar que tengan cuidado con la levadura de los fariseos manifestada en la hipocresía. Uno puede comprender en este punto que una de las cosas que Dios más rechaza de nosotros es justamente la hipocresía, es decir fingir o aparentar algo que no es.

Quizás uno pueda preguntarse porque Dios no quiere esto en nosotros… simplemente porque Dios es la verdad y porque la hipocresía se acerca a la mentira. Dios ama la verdad y no acepta la mentira. Por eso como nos enseña la Palabra de Dios: la mejor forma de adorarlo es en espíritu y en verdad. Jesús quiere algo distinto para nuestra vida, Él clama por nuestra transparencia, por nuestra coherencia de vida, entre lo que hay en nuestro interior y lo que podamos manifestar delante de los hombres a través de nuestras acciones y de las cosas que podemos decir, para que ellos también puedan conocer quien es Dios, es decir, que puedan conocer que es la Verdad.

Por eso también Jesús en la Palabra de hoy nos dice con insistencia que no tengamos miedo porque cuando uno camina en la verdad Dios siempre está con nosotros. No dejemos que la hipocresía invada nuestra vida, ella hará que perdamos nuestra esencia y nuestra pureza. No te alejes nunca de Dios, porque quien se aleja de Dios se pierde para siempre.

19 de octubre

 

San Lucas 11, 47-54

A medida que avanza el Evangelio de Lucas, Jesús puede ser visto como estando en un permanente enfrentamiento con los líderes políticos y religiosos de los judíos. Él se vuelve cada vez más franco.

 En el Evangelio de hoy Jesús eleva su tono acusatorio, y tensa un poco más la cuerda de los que le escuchan. Se dirige a los juristas que se han quedado con la llave del saber, y les dice que ellos no han entrado e impiden cerrando el paso a que otros puedan entrar…

Por eso, este Evangelio nos interpela y nos cuestiona hoy y exige de nosotros una respuesta, una posición, porque tras este conflicto, a reacción de las autoridades religiosas contra Jesús fue inmediata.

 Al considerarse los únicos y verdaderos intérpretes de la ley de Dios, tratan de provocar a Jesús alrededor de la interpretación de la Biblia para poder cazar con insidias algunas palabras de su boca. Así continúa y crece la oposición contra Jesús y crece el deseo de eliminarlo.

 Ayer como hoy, nuestras acciones son, en gran medida, consecuencia de lo que se vive en el interior del corazón. Y si allí no hay bondad, no habrá obras buenas.

Mirando nuestra vida y nuestra realidad, ¿se ha ido de nosotros el amor y el cuidado hacia nuestro prójimo? ¿Estamos nosotros en peligro de entrar en el desamor, pero en un mundo políticamente correcto de los escribas y fariseos?

La hipocresía es aborrecida por Dios; porque no hay nada peor en el alma de un creyente que este terrible pecado. Dios aborrece al que no es sincero y quiere aparentar lo que no es en la realidad.

Dios sigue mandando al mundo de hoy los profetas que predican la verdad, pero de nuevo el hombre vuelve la vista y hace oídos sordos a la verdad. De nuevo volvemos a matar la verdad que Dios sigue proclamando.

El Santo Padre, el Papa, es el profeta que Dios ha elegido para que todos los miembros de su Iglesia encuentren siempre la verdad que salva. Mi fe en Cristo no puede estar separada de mi fe en la Iglesia y mi fe en el Papa; y de aquí ha de brotar mi certeza de que en todo momento he de defender al Papa y sus enseñanzas.

¿No seremos nosotros, tal vez, los que estamos matando a nuestros propios profetas? Porque con frecuencia se escuchan palabras de disconformidad y rechazo hacia quien ha recibido de Cristo la misión de guiar a la Iglesia. El Papa es esa voz que hoy defiende la verdad ante los atropellos y las injusticias. Y esa verdad es siempre la misma, no cambia con los años.

18 de octubre

 

Hoy, 18 de octubre, celebramos a San Lucas Evangelista, autor del tercer evangelio y de los Hechos de los Apóstoles.

Gracias a su relato de la vida de Jesús, plasmado en su evangelio, los cristianos podemos conocer mejor a la Virgen María, ya que Lucas registró muchos más pasajes de su vida que cualquiera de los otros evangelistas. Esto se explica por la cercanía que tuvo Lucas con el Apóstol San Juan, el discípulo amado, quien se hizo cargo de la Madre de Dios, tal y como Jesús lo pidió en la Cruz.

La fecha de nacimiento de San Lucas es incierta, pero se cree que nació en Antioquía. Su nombre significa “portador de luz” y se convirtió a la fe en Jesucristo alrededor del año 40. No conoció personalmente al Señor, pero sí a San Pablo, de quien fue discípulo. Lucas fue un hombre instruido -a diferencia de la mayoría de los apóstoles- y de amplia cultura. Se dice que fue médico, pero también sabía de letras -su lengua era el griego- y de algunas artes como la pintura.

Es el único autor del Nuevo Testamento que no tuvo origen judío y cuyos escritos estuvieron pensados para llevar la Buena Nueva a los pueblos gentiles. De hecho, Lucas escribió en griego “koiné”, es decir, la lengua más extendida de la antigüedad junto al latín. En su evangelio, San Lucas pone de relieve a quienes sufren en el cuerpo o en el alma, especialmente a los pobres y los pecadores arrepentidos. Además, nos recuerda siempre la necesidad de la oración.

Generalmente, se le representa con un libro en las manos, al lado de un toro o novillo.

Es patrón de los doctores, cirujanos, carniceros, encuadernadores, escultores, notarios y artistas, debido -esto último- a que probablemente pintó una imagen de la Virgen María.

17 de octubre

 

San Lucas 11,37-41

Cada 17 de octubre la Iglesia católica celebra a San Ignacio de Antioquía, nacido en Siria probablemente en el año 35, ejecutado en Roma entre el año 108 y el 110. Ignacio es uno de los Padres de la Iglesia y, por haber sido discípulo de San Pablo y de San Juan, es al mismo tiempo reconocido como uno de los “Padres Apostólicos”.

A San Ignacio de Antioquía se le atribuye haber llamado “católica” a la Iglesia fundada por Jesucristo. "Donde está Jesucristo, allí está la Iglesia católica", escribió el santo en una de sus cartas pastorales, otorgándole ese título por primera vez . El adjetivo “católica” viene del término griego “katholikós”, que quiere decir “universal”.

San Ignacio fue el tercer obispo de Antioquía (70 - 107 d.C.) en Siria, y aunque no abundan los detalles sobre su vida antes de ejercer dicho cargo, se sabe con certeza de su entrega por la joven Iglesia, concretamente por la comunidad cristiana que Dios le encomendó, una de las más numerosas y sólidas de aquellos tiempos. En esos días se solía llamar a la iglesia de Antioquía “madre de las iglesias de la gentilidad”; algo que Ignacio comprendió muy bien y que lo condujo a velar por todos los cristianos en general.

En tiempos del emperador romano Trajano, fue apresado y trasladado a Roma para ser ejecutado allí, probablemente por su condición de ciudadano. De camino al martirio, Ignacio fue redactando una serie de cartas dirigidas a las diferentes iglesias cristianas con ánimo de orientarlas y fortalecer su unidad en Cristo. Al empezar cada epístola, al lado de su nombre, escribe “teóforo”, que en griego quiere decir “portador de Dios”, como indicando la manera como entiende su misión, y en una de ellas se describe como "un hombre al que ha sido encomendada la tarea de la unidad".

En la carta dirigida a los cristianos de Trales dejó muy en claro qué era lo que movía su corazón: “Amaos unos a otros con corazón indiviso. Mi espíritu se ofrece en sacrificio por vosotros, no sólo ahora, sino también cuando logre alcanzar a Dios... Quiera el Señor que en Él os encontréis sin mancha”.

De acuerdo a una antigua tradición, San Ignacio murió devorado por las fieras.