Páginas

4 de mayo


 San Juan 13, 16-20

Resulta interesante esta palabra de Jesús sobre la felicidad. “Ustedes serán felices si, sabiendo estas cosas, las practican”. Esto dice Jesús a sus discípulos. Y el eco de sus palabras nos llega hasta nosotros hoy.

Porque si hay algo que todos queremos en la vida es ser felices. Todos, absolutamente todos queremos ser felices. Y no somos libres de esto. Este anhelo, deseo y sueño de felicidad anida en lo más profundo de nuestro corazón. Queremos, a toda costa y de todo corazón ser felices. No podemos no querer esto. Y justamente por esto es que podemos vivir en libertad. Dios está de acuerdo con nuestro más íntimo deseo de felicidad. Lo quiere. Lo desea. Lo busca. Dios quiere que el hombre sea feliz. Dios quiere que usted sea feliz.

La dificultad está en que, si bien tanto Dios como el hombre quieren ser felices, no siempre buscamos lo mismo. El deseo lo tenemos los dos y todos; ahora bien, no todos lo saciamos de la misma manera.

Por eso es interesante la palabra de Jesús y el contexto en que lo dice: después del lavatorio de los pies. Es decir, para Jesús no hay felicidad que sea posible si no es lavándonos los pies los unos a los otros y esto son, sirviéndonos unos a otros. El ideal de servicio es para Jesús el mismo ideal de felicidad. Si uno quiere ser feliz que se ponga a servir a su hermano.

Por eso que el ideal de servicio es el ideal de felicidad. Según la mentalidad del mundo siempre voy a quedarme con ganas de más, encerrado en un pequeño yo personal que teme amar. En cambio, si me dejo amar por Jesús, entiendo el amor y me animo a amar. Ya no desde el yo que descansa arriba de un pedestal, sino sintiéndome Pueblo, de manera colectiva y comunitaria, donde las únicas relaciones posibles sean las de amarnos los unos a los otros.

 

 

3 de mayo


 San Juan 14,6-14.

 Hoy estamos compartiendo las fiestas de dos apóstoles, de dos amigos de Jesús, de dos que han sido elegidos, mirados por el Señor, que han sido invitados a seguir en el camino de Jesús, que son Felipe y Santiago.

Vamos a quedarnos con algunos episodios de la vida de Felipe, sobretodo hay un episodio de la vida de Felipe que se nos cuenta en el Evangelio de Juan, donde Felipe viene a decirle a su Natanael, hemos  encontrado aquel de quien hablan las Escrituras. “¿Quién es? es Jesús, el de Galilea” y donde Natanael le dice “Pero puede salir algo bueno de Nazareth” hay una respuesta muy interesante de Felipe, que dice “Ven y lo veras.

Como Felipe hoy nos invita a nosotros a ser una experiencia de Jesús. Quizá lo hemos escuchado, lo hemos dicho muchas veces, ser cristiano no es seguir una idea, una costumbre o una moda, o ser diferentes digamos por ser diferentes, por ser rebeldes entonces uno va a la Iglesia, ¡una cosa así NO! Ser cristiano es encontrarme con la persona de Jesús, hacer una experiencia, entrar en una experiencia de amistad, de familia, en una experiencia donde estoy invitado a tener un trato muy cercano con Jesús. “Ven y lo veras”, esa es la invitación que nos hace Felipe, Él que tuvo esa experiencia, Él compartió con Jesús la vida y así pudo dar su vida por Jesús.

Y en el Evangelio que hoy se elige para ayudarlos a meditar esta fiesta Felipe le dice a Jesús “Muéstranos al Padre y eso nos basta” y Jesús le dice “Felipe, el que me ve a Mí, ve al Padre”. Es decir, el que hace la experiencia del rostro de Jesús, de poder mirar a Jesús, de dejarse mirar por Él, ese ahí tiene acceso al misterio y al corazón de Dios.

Por eso te invito a que podamos ir al encuentro de Jesús y ver que vale la pena ser amigos de Él.

 

2 de mayo


 San Juan 10,22-30

En el Evangelio la revelación de Jesús llega a su mayor profundidad en la fiesta de la Dedicación del Templo; no solo Jesús es la puerta y el pastor, no solo está mostrando ser el enviado de Dios por las obras que hace, su relación con el padre Dios es de una misteriosa identificación: “El Padre y Yo somos uno”.

Jesús va manifestando progresivamente el misterio de su propia identidad de su persona, ahora lo dice abiertamente, aunque ellos no lo puedan recibir tan abiertamente y siguen cerrados en su incredulidad. “El y Yo somos uno”.

Alguno de sus oyentes no quería creer en esto que Él decía y justamente es la fe en Jesús lo que define si la persona tiene o no vida para siempre. El que no cree – claramente lo dice hoy la palabra – se pierde, se pierde la posibilidad de salir de las tinieblas a la luz, la fe es en la persona de Jesús, la fe es en la propuesta de amor que se expresa en los signos donde se ve la obra de Dios, el Padre, en la persona del Hijo.

Vuelvo sobre esta expresión: la unidad fruto del amor que se abre delante de nosotros en lo concreto de cada día y donde Dios participa y nos invita a caminar en Él complementa toda la diversidad y amplitud con que la vida aparece delante nuestro y es fruto de una corriente que nace del vínculo del Padre y el Hijo y que viene a nosotros a hermanarnos, sin diluir lo que nos distingue, es complementariedad, es misterio de alianza.

La verdadera relación con Dios termina en una relación fraterna clara, en una relación fraterna comprometida, en un trato consciente de que en el hermano vive Dios, como vive en mí, por lo tanto, debo acercarme a aquel lugar de relación como me acerco a la presencia de Jesús en el Santísimo.

Es decir, descalzo, desprovisto de todo, en expectación a la revelación que Dios está dispuesto a hacerme, también en ese vínculo que viene desgastado, sufrido, deteriorado, golpeado, también ahí Dios puede sorprendernos porque vive en el hermano como vive en mí, y cuando Dios está en el corazón del otro como está en el mío, es capaz de sorprendernos, de cambiarnos y de transformarnos, la relación fraterna cuando crece en nosotros la conciencia de la presencia de Dios en medio nuestro, cuando somos conscientes que cuando dos o más estamos en su nombre todo se transfigura.

 

 

1 de mayo


 

San Mateo 13,54-58

Hoy, 1 de mayo, la Iglesia Católica celebra la fiesta de San José Obrero, Padre y Custodio del Señor, a quien hoy recordamos como "patrono de los trabajadores", en virtud que él conoció muy bien el mundo del trabajo: fue carpintero, y con su Sudor procuró el sustento diario a su familia -la Sagrada Familia-. Esta celebración coincide con el Día Mundial del Trabajo. La fiesta de San José Obrero fue instituida en 1955 por el Venerable Papa Pío XII, ante un grupo de obreros reunidos en la Plaza de San Pedro en el Vaticano.

El Santo Padre pidió en esa oportunidad que "el humilde obrero de Nazaret, además de encarnar delante de Dios y de la iglesia la dignidad del obrero manual, sea también el próvido guardián de vosotros y de vuestras familias".

Pío Xll quiso también que el Custodio de la Sagrada Familia "sea, para todos los obreros del mundo, especial protector ante Dios, y escudo para la tutela y defensa en las penalidades y en los riesgos del trabajo..

Por su parte, San Juan Pablo Il, en su encíclica dedicada a los trabajadores, la "Laborem exercens", destacaba que "mediante el trabajo el hombre no sólo transforma la naturaleza adaptándola a las propias necesidades, sino que se realiza a sí mismo como hombre, es más, en un cierto sentido 'se hace más hombre". Con estas palabras, el Papa peregrino manifestaba la importancia de San José en la comprensión y santificación del trabajo, es decir, cuán importante es la figura de San José en el camino por el que los seres humanos podemos santificarnos y ser felices a través del trabajo concreto que les toque desempeñar.

Posteriormente, durante el Jubileo de los Trabajadores del año 2000, el Papa polaco añadía:

"Queridos trabajadores, empresarios, cooperadores, agentes financieros y comerciantes, unid vuestros brazos, vuestra mente y vuestro corazón para contribuir a construir una sociedad que respete al hombre y su trabajo. El hombre vale más por lo que es que por lo que tiene. Cuanto se realiza al servicio de una justicia mayor, de una fraternidad más vasta y de un orden más humano en las relaciones sociales, cuenta más que cualquier tipo de progreso en el campo técnico".

San José es modelo e inspiración para todo ser humano que desea asumir el trabajo desde una perspectiva espiritual. En ese sentido, el trabajo debe ser siempre una actividad auténticamente humana, que brinde realización y satisfacción al corazón humano y no sea solo medio para producir "cosas". Sin su sentido sobrenatural el trabajo se convierte en ocasión de nuevas esclavitudes, instrumentalización o manipulación. Por eso, como San José, cada persona que trabaja debe mirar al Cielo y trascender lo puramente material, que siendo importante no lo agota todo.

Es Dios quien corona todo esfuerzo en búsqueda del bien común y la plenitud. San José, obrero y trabajador, es poderoso intercesor frente a la injusticia, ayuda para que no falte lo necesario y brinda asistencia a quienes están desempleados o en búsqueda de un nuevo trabajo