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Al encuentro de la novedad centroamericana

Hace muy poco que dejé mi tierra para comenzar una nueva aventura en mi vida religioso-misionera. El día 15 de enero, fiesta de nuestro fundador Arnoldo Janssen, me embarqué con rumbo a mi nuevo lugar de misión. Llegué a Panamá, donde la humedad y el calor me abrazaron en seguida para decirme “bienvenido a Centroamérica”. Estuve cuatro días compartiendo con la comunidad Virgen de la Medalla Milagrosa. Estos días fueron como una bisagra para preparar mi vida hacia el encuentro con la comunidad a la cual había sido destinado.


Hace unos días que he llegado a mi comunidad, a la Parroquia Ntra. Sra. De Guadalupe. El P. Enrique me ha recibido muy bien: hemos podido compartir nuestra vida y ya hemos comenzado a organizar nuestra presencia en la comunidad. Ya se van perfilando varios proyectos, así que me siento muy feliz por esta nueva posibilidad que Dios me regala de compartir mi fe ahora con mis hermanos en Barrranca, Costa Rica.

Ayer, luego de la Misa en el Templo Parroquial, tuvimos un espacio de Adoración al Santísimo donde le agradecimos a Jesús que nos permita encontrarnos en Su presencia y regalarnos la posibilidad de conocernos y compartir nuestra fe.

Cuando uno tiene la posibilidad de entrar en una nueva cultura, es muy importante no olvidarse de ser respetuoso y paciente. Y, si lo decimos desde otro plano, “El misionero no es la luz, sino el que lleva la luz: Cristo”. En esto San Arnoldo nos invita a fortalecer la humildad misionera, dejando atrás el deseo casi “natural” de sentir que la propia cultura o la propia experiencia de fe son mejores o peores; mayores o menores. Esto nos recuerda que también en la vida misionera uno debe poner en el cemtro al Señor Jesús.

En este tiempo nuevo que inicio como Misionero en tierras “Ticas”, le pido con confianza a Dios que siempre me haga humilde, respetuoso y cercano con quienes compartiré mi fe aquí en la parroquia, ya que "La mayor alegría que podemos brindar a los hombres de hoy, es darles a conocer la Buena Noticia de Cristo" (S. Arnoldo). 

Sergio Candia, SVD