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María Reina: 33 años de evangelización Verbita

Palacagüina esta conformada por feligreses que habitan en zonas rurales, la mayoría son familias pobres con un enorme espíritu de servicio que permite llevar, a través de ellos, la formación y el fortalecimiento del proceso de fe y de valores a todas las comunidades que conforman la parroquia.

Construida en el año 1552, la Iglesia María Reina es uno de los templos católicos más antiguos de Nicaragua. Se ubica en el municipio de Palacagüina, al norte del país con, apenas, 15,000 habitantes de los cuales el 85% es población católica.


La Congregación del Verbo Divino llegó a Palacagüina en el año  1981. Es un punto de llegada y de partida: es el punto de llegada de aquella aventura espiritual de Arnoldo Janssen, en la cual se fue madurando y concretizando un carisma y el punto de partida de una empresa apostólica por hombres que se sintieron llamados a vivir dicho carisma y asumir sus ministerios como una  misión.


Resulta verdaderamente complejo abarcar todas las dimensiones que han supuesto estos  33 años de trabajo misionero en Palacagüina. En la actualidad, atendemos pastorales de salud, catequesis, liturgia, pastoral familiar, pastoral juvenil y a toda la población católica del municipio, de manera directa e indirecta, desde las distintas actividades que se desarrollan como Iglesia.

Toda cultura manifiesta tendencias propias y aspiraciones que hay que tratar de descubrir en sus dimensiones éticas y espirituales. Por ello, el trabajo del laicado es fundamental para el cumplimiento de nuestras metas, ya que su apoyo nos ayuda a ir descubriendo y aprendiendo, paulatinamente, cómo el mensaje evangélico puede transformar las dimensiones de la cultura que afectan el pensamiento y a la acción colectiva; es decir, los modos de comportamiento que son típicos, los criterios de juicio, los valores dominantes, los intereses mayores, los hábitos y costumbres que caracterizan la vida de trabajo, los ocios, las prácticas de la vida familiar, social, económica o política.

Día a día, vamos descubriendo el calado y las implicaciones que constituyen nuestro trabajo parroquial; progresivamente, van apareciendo la radicalidad y la novedad de exigencias que plantean a nuestro quehacer el auto comprendernos como tierra de misión: se va desvelando la anchura y el alcance que estos nuevos planteamientos entrañan para todo un conjunto de tareas pastorales, tal y como se han ido desarrollando en estos 33 años de trabajo.

Cada día aparece con más exigencia: la necesidad de que dichas tareas deban ser replanteadas, repensadas, reformuladas y ensayadas desde nuevas situaciones. En una palabra, la evangelización, hoy, radicaliza la novedad de planteamiento y realizaciones pastorales si pretendemos, desde luego, que la óptica misionera se convierta en algo más que vocabulario oficial.

Alvaro Rodriguez Bravo